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Salustiano y Ceferino, vida y hechos

Domingo, 27 de febrero de 2005

Totus tuus

Os saludo, hermanos míos en la fe católica, apostólica y romana. Doy gracias a nuestro alcalde Ceferino, hombre honrado y temeroso de la Justicia Divina, por permitirme expresar unas sencillas palabras a modo de salutación.

Primeramente, ruego a Dios me dé la entereza suficiente para enderezar, en esta descarriada aldea, a todos los pecadores y profanadores de la más santa palabra de Dios. He sido destinado aquí como instrumento de Nuestro Señor, seré su Malleus Malleficarum, alguien que dé sentido y autenticidad a la anodina y pecaminosa vida de este nuestro rebaño. Por tanto, y para evitar otra colectiva utilización de ese instrumento del diablo que es el preservativo, solicito a las mujeres del lugar que se abstengan de vestir esas ridículas y minúsculas prendas llamadas tangas. Es una incitación intolerable al fornicio gratuito y, peor aún, al pecado nefando.

En segundo lugar, propongo al alcalde la instalación de letrinas o servicios públicos en lugares más o menos apartados de las vías públicas de uso común. Puesto que el ocio autodestructivo juvenil (el famoso botellón) es prácticamente inevitable en estos días, dicha instalación nos ahorraría multitud de posturas indecorosas en los lugares de esparcimiento de los zagales. Dichas posturas, sobre todo en el caso de las mujeres, no son más que otra flagrante provocación a los instintos bajunos del ser humano.

Por último, que no menos importante, me veo obligado a aleccionar a los lugareños acerca de los peligros que conlleva la convivencia con gentes de origen musulmán. Ante la afluencia masiva de musulmanes a nuestro pueblo, uno no puede menos que indignarse, primero, y rezar, después, para que dicha convivencia no se convierta en connivencia. Dios Nuestro Señor siempre fue prolijo en ejemplos de amor al prójimo, pero en este caso, el prójimo es sin duda un auténtico caballo de Troya que pretende reinstaurar las falsedades mahometanas en tierras cristianas. Pero os recuerdo, hijos míos: Dios dijo hermanos, pero nunca primos. El único modo de solventar este espinoso asunto es devolver a las ovejas al redil, es decir, tratar de que abracen la verdadera fe. Como una primera medida transitoria, se propone a la comunidad ampliar la pila bautismal para permitir que estos futuros hijos de Dios reciban masivamente el Sacramento del Bautismo. En función del número de conversiones, se plantearán nuevas medidas.

Sin más, me despido de vosotros, recordándoos que mi humilde morada siempre estará dispuesta para recibir esa duda de fe que os corroe, atender cualquier servicio religioso que os urja, o recibir esa generosa aportación para mayor gloria de Jesucristo.

Annus Domini 2005


Salustiano

Por: Don Salustiano Cernégula | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

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Pensamientos y demás aventuras de Ceferino, el alcalde justiciero, y de Don Salustiano, cura-párroco del lugar.

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